Tanto esfuerzo para nada…
Por Javier Zapata.
La frustración social ante un gobierno que no cumple.
Las promesas se repiten, los discursos se renuevan, las justificaciones fuera de contexto pero la realidad permanece inmóvil. La ciudadanía, cansada y desilusionada, comienza a preguntarse: ¿para qué tanto esfuerzo si el gobierno sigue ausente?
En colonias populares donde la gente se levanta antes del amanecer para trabajar, estudiar o simplemente sobrevivir, el eco de la esperanza se apaga. Las calles siguen sin pavimentar, los servicios básicos son un privilegio y no un derecho, y los funcionarios que alguna vez caminaron las calles en campaña, hoy no atienden, ni responden.
El abandono institucional
En Nayarit, como en muchos estados del país, la desconexión entre la clase política y la ciudadanía es abismal. Vecinos de colonias como Jardines del Valle, 2 de Agosto, la Peñita y Lomas Altas, denuncian que, pese a insistentes peticiones, ni el Ayuntamiento, ni el Gobierno Estatal han dado respuesta concreta a las múltiples carencias que enfrentan: falta de alumbrado público, calles intransitables y una creciente inseguridad.
“Nosotros votamos, participamos, organizamos juntas vecinales, pero todo queda en promesas. ¿Para qué tanto esfuerzo, si nunca cumplen?”, comenta doña Ernestina, vecina de Jardines del Valle.
En Campaña la Pesidenta Geraldine Ponce con su equipo recorriendo la ColoniaLa Peñita en la calle Niños Heroes esquina con Av. Revolución, les pido su voto y les arreglo sus calle comenta don daniel, y hasta la fecha no ha cumplido.
El espejismo del cambio.
Años de alternancia política han demostrado que el problema no es sólo quién gobierna, sino cómo gobiernan. Las estructuras permanecen anquilosadas, los intereses particulares se imponen, y la participación ciudadana queda como una bandera vacía que se ondea en tiempos electorales.
Las marchas, los escritos, las denuncias en redes sociales y medios locales se convierten en un archivo más en la gaveta del olvido institucional. “Tanto esfuerzo para nada”, repiten una y otra vez los ciudadanos que han optado por dejar de creer.
¿Qué sigue?
La frustración social no es gratuita. Es el resultado de años de simulación política y de una estructura que sólo parece responder a las élites. En este contexto, no sólo se rompe la confianza, se desintegra el tejido social.
Pero incluso en el desencanto, resiste una pregunta vital: ¿seguiremos haciendo esfuerzos para nada… o cambiaremos el sentido de ese esfuerzo?
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